Con nuestro cuerpo tenemos una relación muy estrecha que no se construye frente al espejo, se teje a lo largo de la vida, en la historia personal, en los vínculos, en los mensajes culturales a los que estamos expuestos y las experiencias de aceptación o rechazo. Por eso, cuando algo se rompe en esa relación, el dolor no es superficial, es emocional.

Muchas dificultades relacionadas con la alimentación esconden un proceso de duelo no reconocido. Por ello, cuando nos enfrentamos a una pérdida, lo primero que perdemos es el apetito y nuestro cuerpo es reflejo del dolor que llevamos dentro. Es el reflejo de la pérdida de la identidad tras una enfermedad, un cambio vital o una experiencia traumática. 

Aunque el proceso de duelo es una experiencia integral, el autocuidado durante el mismo no debe ser secundario; debe ser una parte fundamental e inicial en el proceso de adaptación y recuperación.

Cuando se pierde algo significativo, una persona, una relación, un proyecto de vida o la salud, el organismo entra en estado de alerta. El sistema nervioso se activa, el estrés aumenta y el cuerpo prioriza la supervivencia emocional. Esto explica por qué durante el duelo son frecuentes algunos síntomas físicos como: alteraciones del sueño (insomnio o sueño excesivo), cambios en el apetito o en la relación con la comida, fatiga continua y falta de energía, dolores musculares, gastrointestinales o dolores de cabeza, disminución de la motivación para moverse y activarse físicamente. Estos cambios no significan que estés fallando en tu autocuidado, significan que el cuerpo está reaccionando a una experiencia nueva del impacto de la pérdida.

Autocuidado: más que hábitos, una actitud compasiva

El autocuidado suele confundirse con una obligación: comer bien, hacer ejercicio, dormir mejor, sin embargo, desde una mirada clínica, el autocuidado no es una lista de tareas, es una actitud interna de respeto hacia el propio proceso. Cuando se cuida el cuerpo durante el duelo, se deben ajustar las expectativas. No se trata de rendir igual que antes, sino de sostener lo básico para que el organismo no colapse bajo la carga emocional, que siempre es alta.

Alimentarse cuando no hay hambre emocional

Durante el duelo, muchas personas comen menos, otras comen de más y algunas pierden toda la estructura alimentaria. Esto no debe leerse de inmediato como una enfermedad o trastorno, sino como una señal de desregulación emocional.

El objetivo nunca será la perfección, sino la regulación mínima. Para ayudarte en ese proceso, te dejamos unas estrategias que pueden ayudarte:

  • Mantén horarios aproximados todos los días.

  • Prioriza alimentos sencillos y nutritivos.

  • Evitar largos periodos de ayuno involuntario.

  • Lleva contigo agua o suero.

Comer en duelo es muchas veces un acto de sostén más que de placer.

El descanso como necesidad terapéutica

Dormir es otra situación que se altera; la mente repasa recuerdos, aparecen pensamientos intrusivos y el cuerpo permanece en tensión. Aun así, el descanso sigue siendo uno de los pilares del cuidado físico y emocional. A continuación, tendrás algunas pequeñas acciones que pueden ayudarte:

 

  • Establecer rutinas nocturnas.

  • Reducir estímulos antes de dormir.

  • Aceptar que el descanso puede ser irregular por un tiempo.

Movimiento: Volver al cuerpo sin exigencia

El duelo genera desconexión corporal. Algunas personas evitan el movimiento; otras lo usan de forma excesiva para no sentir. El autocuidado físico busca el punto medio: volver al cuerpo de una manera amable.

Puedes empezar por esto:

  • Caminar 5 minutos.

  • Estirar.

  • Respirar conscientemente.

  • Realizar actividad física suave.

Todo esto puede regular las emociones, mejorar el sueño y reducir la sensación de bloqueo interno. No es rendimiento, es presencia.

Cuando el descuido físico se prolonga

Si el deterioro físico se mantiene en el tiempo, existe pérdida significativa de peso, agotamiento extremo, abandono total de autocuidado o uso del cuerpo como forma de castigo, es importante buscar el acompañamiento profesional de un psicólogo clínico. El cuerpo no es un enemigo del duelo; es un aliado que necesita ser escuchado.

Cuidar la salud física durante el duelo no elimina el dolor, pero crea las condiciones necesarias para atravesarlo sin que el sufrimiento se vuelva devastador. El autocuidado no acelera el proceso, pero lo hace más habitable. Escuchar al cuerpo, bajar la exigencia y sostener lo básico es una forma profunda de respeto por la propia historia. Cuando el cuerpo está cuidado, el alma encuentra un poco más de espacio para sanar.

Referencia:
Organización Panamericana de la Salud (OPS). Cuidar la salud mental durante situaciones de crisis

Psicóloga: Jenny Paola Peña H.