Heridas Intergeneracionales: Cómo Cortar con Esos Patrones

¿Alguna vez has dicho una frase y, segundos después, pensaste: “¡Ay no… acabo de sonar igual a mi mamá/papá/abuela!”?

Bienvenido al club de los patrones intergeneracionales: ese conjunto de conductas, creencias y reacciones emocionales que pasan de familia en familia como si fueran herencias invisibles. Algunas son maravillosas (recetas, humor, resiliencia), y otras… bueno, otras son como un mueble muy viejo que nadie quiere, pero que igual termina en la sala de la casa.

Este artículo es justamente para entender esas heridas heredadas y para darte herramientas reales, aplicables y humanas para cortar aquello que hoy ya no te sirve.

Empecemos por aclarar ¿Qué son las heridas intergeneracionales?

Son experiencias de dolor, carencias, aprendizajes rígidos o dinámicas disfuncionales que se transmiten de una generación a otra. (Schützenberger, A. A. 2011). No siempre de forma consciente, por ejemplo: “En esta casa no se llora.” - “Lo que se vive en la familia, se queda en la familia.” - “El amor se demuestra aguantando.” - “Los niños obedecen, no opinan.”

Lo interesante —y liberador— es que, aunque se transmiten desde el pasado, tú puedes decidir qué pasa en el futuro.

Pero ¿Cómo se forman estos patrones?, imagina a una familia como una gran obra de teatro en la que los papeles se reparten antes de que tú nazcas, entonces tus abuelos tenían sus experiencias, esas experiencias moldearon cómo criaron a tus padres y lo que tus padres aprendieron, es lo que usaron para criarte a ti. ¡No es culpa de ellos; es la única obra que conocían! (Casarjian, R. (2017).

¡La buena noticia es que tú puedes cortar la cadena!, y cortar un patrón no es rebelarte contra tu familia ni deshonrar a quienes te criaron, es más bien un acto de sanación familiar: “Gracias por lo que me dieron. Aquí tomo lo bueno. Y aquí dejo lo que me lastima.” Tú eres la generación que puede decidir diferente.

Por eso compartiremos un plan de acción práctico, aplicable y humano que te puede ayudar a romper con los patrones intergeneracionales que consideres estás viviendo:

1. Identifica el patrón (la parte invisible del iceberg) y pregúntate:

  • ¿Qué hacía mi familia cuando había conflicto?

  • ¿Cómo mostraban (o no mostraban) afecto?

  • ¿Qué emociones estaban “prohibidas”?

  • ¿Qué roles nos asignaron?

  • ¿Qué repito yo sin querer?

Ejemplo: “En mi casa nadie decía ‘te quiero’. De adulta, me siento fría, aunque en el fondo soy muy afectiva.”

2. Nombra la herida, ponerle nombre es poder.

Ejemplo:
“Mi herida es la invalidación emocional.”, “Mi herida es el abandono aprendido.”, “Mi herida es no saber poner límites.”

La herida nombrada deja de gobernar en silencio. 

3. Restaura tu narrativa, haz una frase que cambie el guion heredado.

  • Antes: “Tengo que aguantar.” - Ahora: “Puedo poner límites y aun así amar.”

  • Antes: “No debo contar mis problemas.” - Ahora: “Compartir mis emociones me conecta.”

  • Antes: “Sentir es debilidad.” - Ahora: “Sentir es humano y saludable.”

4. Reescribe tu final (tu propio sello generacional) y pregúntate:

  • ¿Qué sí quiero transmitir a los que vienen?

  • ¿Qué nueva forma de amar quiero dejar?

  • ¿Qué historia quiero que empiece conmigo?

Ejemplo: “En mi familia había silencio. Ahora conmigo empieza una generación que habla, siente y se escucha.”

5. Haz un ritual simbólico de cierre (opcional, pero poderoso)

Puede ser:

  • Quemar una carta donde escribas “esto ya no es mío”,

  • Cerrar un ciclo con una piedra que representaba la carga,

  • Sembrar una planta como símbolo de lo nuevo.

La mente emocional necesita símbolos para sentir que algo realmente terminó.

7. Acompáñate en el proceso (no tienes que hacerlo sola/o)

Terapeutas, grupos de apoyo, material psicoeducativo. Romper un patrón es profundo y valiente. Hacerlo acompañado lo vuelve más ligero.

Los patrones intergeneracionales no son cadenas eternas, son simplemente historias que nadie cuestionó hasta que llegaste tú.

Tú tienes la oportunidad de sanar, transformar, elegir, crear una nueva forma de amar y evitar que las heridas heredadas pasen a la próxima generación. (Van der Kolk, B. 2015).

Recordatorio final: Romper un patrón es un acto de amor hacia ti y hacia toda tu línea familiar.

Autor:

Faridhe Pontón Gattàss

Psicóloga

Asesora Familiar de Duelo
 

Bibliografía
 

1. Schützenberger, A. A. (2011). ¡Ay, mis ancestros! La psicogenealogía y las claves del árbol genealógico. Ediciones Obelisco.
Obra clásica sobre cómo las experiencias familiares no resueltas se transmiten a lo largo de las generaciones.

2. Casarjian, R. (2017). Sanar las heridas del pasado. Ediciones Obelisco.
Profundiza en cómo identificar patrones dolorosos y reconstruir la narrativa personal.

3. Van der Kolk, B. (2015). El cuerpo lleva la cuenta: Cerebro, mente y cuerpo en la sanación del trauma. Eleftheria.
Clave para comprender cómo los traumas también pueden tener efectos transgeneracionales.